ANTORCHA CAMPESINA PIDE JUSTICIA PARA ALCALDE ASESINADO

 

El Movimiento Nacional de Antorcha Campesina acusó que el asesinato de Manuel Hernández Pasión, presidente municipal de Huitzilan de Serdán, Puebla fue un crimen político orquestado por el cacicazgo de la Sierra Nororiental, que se oponen a que los indígenas y campesinos luchen para mejorar sus condiciones de vida.

Por lo que exigieron al gobernador de Puebla, José Antonio Gali Fayad investigue y castigue con todo el peso de la ley a los autores intelectuales y materiales del cobarde asesinato del alcalde antorchista, “no vamos a permitir que este crimen se quede archivado. Daremos una dura lucha para que se haga justicia”.

De igual forma, precisó el movimiento antorchista, exigirán al gobierno poblano condiciones de seguridad para continuar con el trabajo de lucha que los caracteriza,  que es la gestión de obras y acciones en beneficio de la gente más humilde de Puebla.

“Somos una organización pacífica que, ahora queda demostrado una vez más, no es violenta y es víctima de los arteros ataques de grupos de poder que ven en la lucha del pueblo, a un enemigo para sus intereses bastardos”.

Cabe destacar que el martes 10 de octubre, alrededor de las 5 de la tarde, fue asesinado el presidente municipal, Manuel Hernández Pasión de extracción antorchista por un comando que portaba armas de grueso calibre de uso exclusivo del ejército.

El crimen se perpetró cuando el alcalde viajaba acompañado por su escolta, de Zacapoaxtla a Huitzilan de Serdán, del Estado de Puebla. La saña con la que fue ejecutado no deja lugar a dudas que se trató de un crimen político y de un acto de terror contra el antorchismo, planeado y orquestado por los caciques de la Sierra Nororiental que se oponen a que los indígenas y campesinos de esta zona del estado luchen para mejorar sus condiciones de vida.

El antorchista Hernández Pasión no tenía enemigos personales ni problemas con nadie. Por el contrario, su vida abnegada, humilde y dedicada cien por ciento a liderar a sus hermanos indígenas lo convirtieron en un joven querido y respetado por los huitziltecos, al que acudían a consultar sus problemas porque sabían que hallarían solución a sus problemas.

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